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    October 24

    Ángel González. Nada grave (2.008)

    Ángel González (Oviedo. 1.925-2.008). El poeta murió en Enero y en Mayo aparecía este libro inacabado

    NADA GRAVE

    en la colección Palabra de honor de Visor. Son 28 poemas incluyendo la dedicatoria, ésta

     

    Sin ti la poesía

    ya no me dice nada,

     y nada tengo que decirle a ella.

     La única palabra

     que entiendo y que pronuncio

    es ésta

    que con todo mi amor hoy te dedico:

    nada.

     

     

    y aquí debajo  Yo insistente, Siempre la esperanza, Por raro que parezca, Leo poemas, Ambigüedad de la catástrofe, Arte de magia y Caída. - por orden de aparición en el libro-

     

     Yo insistente

     

    Cierro los ojos: desaparece el mundo.
    En el interior negro de mi cuerpo
    sigue mi yo sombrío sin cambiar de postura.
    Ensimismado, mudo, impenetrable.
    Asusta su silencio: es un reproche.

    Abro los ojos: el mundo reaparece
    luminoso, diverso.
    Pero mi yo persiste, no abandona.
    Él es el que lo mira,
    él es el que proyecta
    el mutismo obstinado, la frialdad distante
    que el mundo me devuelve implacable, severo.

     

     

    Siempre la esperanza

     

    Esperar la desdicha,

    ¿es una forma de esperanza?

    La menos peligrosa, en cualquier caso.

    La que no puede defraudarnos nunca.

     

     

    Por raro que parezca

     

    Me hice ilusiones.
    No sé con qué, pero las hice a mi medida.
    Debió haber sido con materiales muy poco consistentes.

     

    Leo poemas

     

    Leo poemas al azar,
    leo casi sin pensar en lo que leo.
    Cuando me encuentro un verso triste,
    siento en el alma como una caricia.
    No es que me alivie la tristeza ajena;
    es que me siento menos solo.

     

     

    Ambigüedad de la catástrofe

     

    Lo había perdido todo:
    amor, familia, bienes, esperanzas.
    Y se decía casi sin tristeza:
    ¿no es hermoso, por fin, vivir sin miedo?

     

    Arte de magia

     

    Sin moverme de mí,

    desaparecí.

    Nada por allá,

    nada por aquí,

     

    Nada, nadie, nada.

     

    No estoy donde estaba.

    No estoy, simplemente.

    Así,

    de repente,

    me desvanecí

    sin dejar vestigio.

     

    ¿Quién hizo el prodigio?

     

    La muerte es la mejor prestidigitadora.

     

     

     

    Caída

     

    Y me vuelvo a caer desde mí mismo

    al vacío,

    a la nada.

    ¡Qué pirueta!

    ¿Desciendo o vuelo?

    No lo sé.

    Recibo

    el golpe de rigor, y me incorporo.

    Me toco para ver si hubo gran daño,

    mas no me encuentro.

    Mi cuerpo ¿dónde está?

    Me duele sólo el alma.

    Nada grave.