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October 01 Noche primeraEmpuja el corazón, quiébralo, ciégalo, hasta que nazca en él el poderoso vacío de lo que nunca podrás nombrar. Sé, al menos, su inminencia y quebrantado hueso de su proximidad. Que se haga noche. (Piedra, nocturna piedra sola.) Alza entonces la súplica: que la palabra sea sólo verdad.
En A modo de esperanza (1953-1.954) El sueño
Por una espesa y honda
En Poemas a Lázaro (1.955-1.960) No inútilmente
Contemplo yo a mi vez la diferencia
No hemos llegado lejos,
Te respondo
,
Haber llevado el fuego un solo instante
Pues más allá de nuestro sueño
sobre la tierra
para cambiar, no inútilmente, el mundo.
en La memoria y los signos (1.960-1965) AhoraEs ahora la hora de sacudir la raíz y volverla hacia el cielo, la hora de deslizar bajo la puerta honorable del hombre sin balcón y sin tacha un grito débil, bajo la del cobarde una ocasión de muerte, bajo la del avaro una súbita apetencia de vida, bajo la del cínico un pensamiento compartido, bajo la del creyente la verdad que repite sin saberlo, bajo la del necio amparado en sus dogmas un globo de color de cielo libre, bajo la del triste un niño, bajo la del niño toda la luz del mundo y bajo la gran puerta del mundo la palabra que haga saltar los duros goznes, dar paso a la riada, forzar la sombra en su estallido el tuyo, libertad.
en La memoria y los signos (1.960-1965) Canción de espera y <Lucila en una nube>Canción de espera
Vuelve la niebla. Enciende la candela.
Para el que aguarda aún tiene horizonte la espera.
Pero vuelve la niebla.
Elle est trop souvent aux nauges
El lobo está en el bosque, los niños en la escuela, la bruja en un zapato, Mambrú se fue a la guerra.
La primavera en mayo, el otoño en octubre, los peces en el río, Lucila en una nube.
En Breve son ( 1.953- 1.968)
[Van por tu jardín selvático, Ana Lola. Por ese lugar tuyo donde todo espera y es tan mágico volver. Y esta tarde, merienda de mantel, con mermelada de moras ;)] Biografía sumaria/A los dioses del fondo/LímiteBiografía sumaria A los dioses del fondo Lo que dije no sé.
La cifra mayor del llanto o de la vida de quién la podría tener.
Hay un lenguaje roto, un orden de las sílabas del mundo.
Descífralo.
Porque algunas de sus palabras asaltarán tu suelo, Agone, para no gemir eternas en lo oscuro.
Límite
Qué oscuro el borde de la luz donde ya nada reaparece.
En El Inocente, colección 1.967-1.970 Homenaje a Klee
The Golden Fish (1925) - Paul Klee En Treinta y siete fragmentos ( 1.971). Fragmento XVI Homenaje a Klee De la luminosa opacidad de los signos
Fragmento sin nombre/Canción para franquear la sombra¿ Cuál fue la hora que esperamos tanto,
que vino al fin y no reconocimos
y se nos dio para soñar el sueño
que nunca nos había visitado?
Un día nos veremos
al otro lado de la sombra del sueño.
Vendrán a ti mis ojos y mis manos
y estarás y estaremos
como si siempre hubiéramos estado
al otro lado de la sombra del sueño.
En Interior con figuras 1.973-1.976 Elegía - en Material memoria-en Material Memoria 1.977-1.978 Expertos en la destrucción del amor construyeron distintas pequeñas destrucciones con residuos de aire y otras muertes. Izose un cielo gris sobre las rotas alas. Un globo ardiente se extinguió en la tierra. Vayamos, corazón, al puente suburbano para saltar ya muertos, como el cuerpo del pájaro que cae ya sólo es sorda sucesión de la sombra. O no vayamos o no salgas jamás. No salgas, ay, jamás paloma al campo. Ícaro/Poema Ícaro
Sobre la horizontal del laberinto Trazaste el eje de la altura Y la profundidad. Caer fue sólo La ascensión a lo hondo.
Poema
Cuando ya no nos queda nada,
el vacío del no quedar
podría ser al cabo inútil y perfecto
Aguardábamos la palabra. Y no llegó. No se dijo a sí misma.
Estaba allí y aquí aún muda, grávida. Ahora no sabemos si la palabra es nosotros o éramos nosotros la palabra. Mas ni ella ni nosotros fuimos proferidos. Nada ni nadie en esta hora adviene, pues la soledad es la sola estancia del estar. Y nosotros aguardamos la palabra.
En Mandorla 1.982
<El pájaro que vuela dentro>, poemas de El FulgorXIII
El gato es el pájaro.
Salta de su infinita quietud al aire. Se hace presa. Es cuerpo, presa con su presa. Vuela. Desaparece hacia el crepúsculo.
XXX
Venías, ave, corazón, al vuelo, venías por los líquidos más altos donde duermen la luz y las salivas en la penumbra azul de la garganta.
Ibas, que voy de vuelo, apártalos, volando a ras de los albores más tempranos.
Sentirte así venir como la sangre, de golpe, ave, corazón, sentirme, sentirte al fin llegar, entrar, entrarme, ligera como luz, alborearme.
XXV
La aparición del pájaro que vuela y vuelve y que se posa sobre tu pecho y te reduce a grano, a grumo, a gota cereal, el pájaro que vuela dentro de ti, mientras te vas haciendo de sola transparencia de sola luz, de tu sola materia, cuerpo bebido por el pájaro.
En El fulgor. 1.984 de Al dios del lugarLA ARENA tenía el color de las escamas de un enorme pez extendido y la luz caía sobre ella con el secreto brillante del acero como un ala rasante.
Vacío y extensión. El súbito relámpago de la piedra en el aire
Y anda. El vuelo. Y nadie. (Mont St.-Michel)
ESTAR. No hacer. En el espacio entero del estar estar, estarse, irse sin ir a nada. A nadie. A nada. (Aniversario) -fragmento-
de Al dios del lugar. 1.989 de No amanece el cantorINMERSIÓN de la voz. Las aguas. Entraste en el origen. Cabeza decapitada junto al mar. Después no quedan más silencios. VEO, veo. Y tú ¿qué ves? No veo. ¿De qué color? No veo. El problema no es lo que se ve, sino el ver mismo. La mirada, no el ojo. Antepupila. El no color, no el color. No ver. La transparencia. Paisaje con pájaros amarillos. PAISAJE sumergido. Entré en ti. En ti entreme lentamente. Entré con pie descalzo y no te hallé. Tú, sin embargo, estabas. No me viste. No teníamos ya señal con que decirnos nuestra mutua presencia. Cruzarse así, solos, sin verse. Pájaros amarillos. Transparencia absoluta de la proximidad. En No amanece el cantor 1.992 . Canción del eterno retorno y fragmento final de Máscaras
QUIERO quedarme así, solo, lejano, sin ninguno, sin nadie, pájaro que la infinitud del aire vuela, en el vacío del aire, hasta el horizonte que jamás se alcanza y nunca ya poder –quedarme así- regresar al origen para siempre borrado. (Canción del eterno retorno) Hugo Waschkowski: Horizonte Máscaras - fragmento final- Disolverse, dijiste, o nacer para siempre más allá de las máscaras. En Cantigas de Alén 1.980-1.995
Isla
SALIR del tiempo. Suspender el claro corazón del día. Ave. Palabra. Vuelo en el vacío. En lo nunca posible. Ven, anégame en este largo olvido.
Ya no hay puentes. Sostenme en el no tiempo, en la no duración, en el lugar donde no estoy, no soy, o sólo en el seno secreto de las aguas.
En Fragmentos de un libro futuro 1.991- 2.000 Nadie
NADIE. No estoy. No estás. ¿Volver? No vine nunca. SÓLO la soledad resuena larga igual que cola o viento. Vienen desde el vacío las palabras, nos poseen desnudos en su centro abrasado y en él nos desengendran para hacernos nacer. Escucha cómo en la soledad despierta, inaudible, la pura raíz del aire. (Segunda oda a la soledad, fragmento)
ESTE sueño, que acabo de soñar, y en cuyo tenue borde te hiciste no visible, limita con la nada. CAER en vertical. Sueño sin fin de la caída. Qué repentina formación del ala.
FLOTAR en la incierta realidad del ser, tentar a ciegas lo improbable, no tener asidero en tanta sombra. Los cuerpos en los ahogados de la mar meditan boca abajo, pero no ven el fondo con los ojos vacíos. El anciano volvió con una antorcha e iluminó los barcos naufragados. Se alzó desde la noche un coro en una lengua imposible de interpretar. Ésta es la verdadera canción, pensaste, y te fuiste diluyendo, despacio, muy despacio, en lo no descifrable. (Nadie) En Fragmentos de un libro futuro 1.991-2.000
Elegía -Poemas 1.960-1.997-
Vivió en el extremo límite del no vivir. Tentó el suicidio en lentos tragos. Temía y deseaba la muerte. Necesitaba que la muerte no le dejara tiempo. Más tiempo. Tal vez temía más al tiempo que a la muerte. Al tiempo testigo. Al tiempo que día a día nos devuelve la propia imagen naufragada en un destino <insignificante y atroz>. Su suicidio fue largo, demorado, terrible. Hasta que se consumó. Salí, así lo espero—de una vida grotesca. Tales fueron, en rigor, sus dos últimos versos. Ya escritos, bien se ve, desde el Orco.
En Apéndice. Poesía dispersa o inédita. Poemas 1.960-1.997 La mujer y el diosLa mujer sintió infinitamente adherida a su paladar la áspera materia del sufrimiento. Habían pasado días, estíos, lunas, y Leza, el Gran Hostigador, había golpeado una y otra vez sus entrañas. Estaba en pie, desnuda bajo la luz apenas salida de la mañana. Habían pasado noches, animales feroces orillando el poblado en la oscuridad, pero Leza el Acosador era el único que una y otra vez había hincado el colmillo sangriento en lo que amaba.¿Por qué? La mujer sólo sabía el nombre del dios, y los ancianos de la tribu le habían explicado con palabras cuyo sentido no pudo comprender que él era el que acosaba a su grado; los huesos del hombre jamás podrían resistir la presión de su mano. Como la lluvia hizo el dios no visible caer el sufrimiento y como un pájaro muerto la maldición. La mujer no podía rememorar, porque el dolor era toda la materia de la memoria. Vio los grandes árboles, el impenetrable espesor de la selva, el río engendrado por la gran serpiente, el cielo en lo alto. ¿Se alojaba allá arriba el Gran Hostigador? Volvió a ver, remotos ya, borrados por el tiempo, los cuerpos de sus padres dispuestos para el ritual. Murieron después las hermanas y hermanos de sus padres y los hijos de éstos. Los ancianos le hablaban con palabras indescifrables del Gran Hostigador. Después conoció a un hombre y se llenaron las yacijas de la choza de una poderosa luz. Tuvo hijos de él y pensó entonces que no sólo habitarían los muertos su memoria sino los hijos de la vida y de la luz. Pero Leza, el que acosa y golpea a su grado y tiene una coraza impenetrable con capas de día y noche intercaladas hasta más allá del tiempo y del mar, la hirió de nuevo y murieron el hombre y los hijos del hombre y el amor con ellos y las formas visibles de su perduración. La desgracia era como hojas masticadas, como saliva amarga, como tierra arcillosa en el paladar. La mujer estaba en pie, desnuda, y quiso interrogar al dios. En lo alto, en el cielo luminoso y cerrado, se escondía el invisible Hostigador. Durante muchos días y noches enlazó troncos de árboles ligeros hasta hacer una escalera altísima para llegar al dios. Luego trepó por ella, pero a medida que ascendía los árboles se doblegaban suaves bajo el peso leve de su cuerpo y describían un arco delicado cuyo extremo volvía hasta la tierra original. La mujer miró el cielo con amargura. Un ave surcó el espacio rauda, alejándose hacia el horizonte. La mujer la siguió con la mirada y vio que en el horizonte el cielo y la tierra en una sola línea, firme, seguida, y no había entre ellos separación. En el lugar donde el cielo y la tierra y se unen - pensó la mujer- será fácil alcanzar a dios. Al día siguiente empezó a caminar. Anduvo llanazos polvorientos y praderas verdísimas, montañas calcinadas y bosques donde no penetra el sol. Bordeó las fauces del león, la solapada quietud del cocodrilo, la pupila de la serpiente voraz. Iba siempre hacia el horizonte, donde entre cielo y tierra no hay separación. Un atardecer, a orillas de un río inmenso, encontró a un anciano. Se detuvo a su lado, estuvo mucho tiempo en silencio y luego, en una extraña lengua que nunca había hablado, ella misma empezó a contar adónde iba y por qué quería interrogar al dios. El anciano la miró sin sorpresa. Le dijo que era inútil su camino, que el dios iba sentado a lomos de cada hombre, cabalgaba en su espalda sin abandonarlo nunca y sin dejarse ver. Sólo entonces la mujer entendió desde el fondo de su memoria el nombre indescifrable de Leza, el Gran Hostigador. Después se sentó en silencio, al lado del anciano, junto al río sin término, y así permaneció durante muchos días, noches, estaciones, soles y lunas y un tiempo innumerable, a orillas de las aguas que se iban llevando su transparente imagen hacia el mar.
En El fin de la edad de Plata, de José Ángel Valente. Encuentro, de E. Montale. Traducción-versión de J. A. ValenteNo me abandones tú, tristeza mía, Traducción de José Ángel Valente. En Cuaderno de versiones 1.953-1.999
Valente prologa sus versiones de Montale cuestionando las clasificaciones porque son superficiales - aunque puedan ser cómodas como una primera referencia-. En personalidades irreductibles como las de Montale o Ungaretti el denominador común del ermetismo poco aportaría. Montale, dice Valente, es poeta en cierto modo a pesar suyo. Desde su “campana de cristal” escribe respondiendo a una necesidad de expresión personal, a una imperiosa necesidad de certidumbre de esa realidad donde nada es lo que parece y que debe ser cercada para revelar su evidencia. He elegido Encuentro porque es uno de los poemas favoritos de AlmAa. Yo tenía la antología El fulgor y ella me habló de la edición de las obras completas de Valente que ahora mimo. :¬) Gracias, AlmAa. Ver también Poemas de Eugenio Montale http://desdebabia.spaces.live.com/blog/cns!84C6F33AC3CBDB38!1099.entry |
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