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May 30 Cuesta, en Mediodías y sombras, de Huesos de sepia
en Mediodías y sombras
Cuesta – último poema de la parte I-
Llega de las caracolas un sonido de la escarpada cuesta que desciende a pique sobre el mar que tiembla y se abre para recibirla. Baja en la garganta airosa con la sombra la palabra que la tierra disuelve en los rompientes. Pierde memoria el mundo y puede renacer. Con las barcas del amanecer la luz despliega su velamen y halla en el pecho abrigo la esperanza. Pero ahora está lejos la mañana, huye la claridad y se concentra en prominencias y espesuras, y todo está más cerca y recogido, como visto por el ojo de una aguja; ahora el final es seguro y si también el viento calla puedes oír la lima que serrucha asidua las cadenas que nos atan.
Cual musical deslave se derrumba el sonido, se disipa. Con esto se evaporan las voces acogidas por las áridas volutas de las abras en la roca; el gemir de los sarmientos, allá, entre las vides que los lazos de las raíces apretujan. La cuesta ya carece de caminos, las manos se sujetan a las ramas de los pinos enanos; después vacila, mengua la claridad del día; y una orden desciende a emancipar de los confines las cosas que no piden más que durar, que persistir contentas de su infinito lastre; un pedregoso alud que desde el cielo se abisma en las riberas...
En la noche recién tendida se oye un aullar de cuernos, una catástrofe.
Fragmento de Riberas, en Huesos de sepiaRiberas – fragmento- Oh entonces zarandeados como el hueso de sepia por las olas, desvanecerse poco a poco; volverse un árbol corrugado o una piedra pulida por el mar; en los colores fundirse del ocaso, ya no ser carne para brotar venero ebrio de sol, por el sol devorado... No eran otros, riberas, los votos del antiguo niño que asomado a una roída balaustrada lentamente moría sonriendo.
May 26 Lindau y a Liuba, en Las Ocasiones ILas ocasiones [1.928-1.939]
May 25 Fragmentos de Las Ocasiones II - Motetes- y IIILas ocasiones II Motetes: -fragmentos- EL LAGARTO, si salta entre rastrojos bajo el gran calor— la vela si zozobra y se abisma al doblar el peñasco— el cañón del mediodía más débil que tu corazón y el cronómetro si pulsa sin ruido__ ............................................... ¿y luego? En vano algún destello os muda en algo rico y muy extraño. Muy distinto era tu sello. ¿POR qué tardas? La ardilla sobre el pino mueve la antorcha de su cola en la corteza. La medialuna baja con su pico en el sol que la diluye. Ya es de día. Sacude un soplo el perezoso humo, se defiende en el punto que te encierra. Nada termina, o todo, si tú, rayo, dejas la nube. Las ocasiones III: - fragmento- Y el gesto permanece: mide el vacío, explora su límite: el gesto ignoto que se expresa a sí mismo solamente: pasión de siempre en una sangre y un cerebro irrepetibles; y entra tal vez en lo cerrado y en lo violenta con su delgada punta de ganzúa.
May 23 La casa de los aduaneros, en Las ocasiones -IV- Las ocasiones IV:
La casa de los aduaneros
Tú no recuerdas la casa de los aduaneros en la saliente a pico sobre los escollos: desolada te aguarda desde aquella noche que en ella entró el enjambre de tus pensamientos y se detuvo inquieto. El viento todavía golpea los viejos muros y ya el sonido de tu risa no es gozoso: la brújula se mueve enloquecida y la respuesta de los dados no confunde. Tú no recuerdas; otro tiempo trastorna tu memoria; un hilo se devana. Retengo todavía un extremo; más se aleja la casa y sobre el techo la veleta ennegrecida gira sin misericordia. Retengo un extremo; pero tú estás sola ni aquí respiras en la oscuridad. ¡Ah, el horizonte en fuga, donde se enciende alguna vez la luz del petróleo! ¿El paso es éste? (En la roqueda abrupta rompen las olas todavía...) Tú no recuerdas la casa de esta noche mía. Y yo no sé quién se queda.
El verano, en Las ocasiones -IV-El verano
su sombra en cruz no inquieta a los jóvenes arbustos. Y la nube, ¿qué ve? Tiene el venero a flor de tierra tantas caras. Tal vez en el plateado destello de la trucha que va a contracorriente tú también regresas, Aretusa, a mis pies muchacha muerta. El hombro reluciente, la rodante pepita de sol, la mariposa loca, el hilo tenso de la araña sobre la espuma enardecida— y algo que va y demasiadas cosas que no podrán pasar el ojo de la aguja... Se necesitan demasiadas vidas para hacer una.
de Las ocasiones [1.928-1.939] May 19 La tormenta y algo másLa tormenta y algo más [1.940-1.954] de Eugenio Montale Finisterre, Después, Intermedio, <Flashes> y dedicatorias, Silvae, Madrigales privados y Conclusiones provisionales.
-- En las entradas siguientes hay algunos poemas de La tormenta y algo más -- Sobre una carta no escrita y Los aretes, en La tormenta y algo másde La tormenta y algo más en Finisterre
Sobre una carta no escrita
Por un hormigueo de auroras, Irme no sé si asomarme de nuevo;
Los aretes
No guarda sombra de algún vuelo el tizne May 16 Desde una torre y fragmentos de Dos en el crepúsculo, en La tormenta y algo másDesde una torre en Después Vi al mirlo aguador despegar
Dos en el crepúsculo- fragmentos- en Intermedio
Y yo sitiado por la fuerza …las palabras May 15 Desde el tren y En el parque, en La tormenta y algo másDesde el tren, en y dedicatorias Las tórtolas granate han vuelto a Sesto Calende por vez primera desde tiempo inmemorial. Eso dicen los periódicos. Asomado a la ventanilla, las he buscado en vano. Un collar tenías, de otro color, es cierto, doblaba en un extremo un junco y desgranábase. Tan sólo para mí brilló, hundiose en un estanque. Y su vuelo de fuego me cegó para el resto. En el parque en Silvae Bajo la sombra de la magnolia que se hace más y más angosta, a un soplo de cerbatana la flecha me roza y se pierde. Pensé en una hoja caída del chopo que un golpete viento destiñe – y tal vez era una mano deslizándose en el verde. Una risa que no es mía se filtra entre pálidas frondas hasta mi pecho, un trino que punza las venas lo turba, y me río contigo en la deforme rueda de la sombra, me estiro deshecho de mí sobre avaras raíces que asoman y punzo con briznas de hierba tu cara… Desde el tren y En el parque, de La tormenta y algo más May 14 Sé que un rayo de sol, en La tormenta y algo más SÉ QUE un rayo de sol ( ¿de Dios?)
aún puede encarnarse si a los pies de la estatua de Lucrecia (una noche tuvo un gesto y parpadeó) echas tu rostro contra el mío. Aquí en el zaguán, como en los tréboles; aquí en las escaleras como allá en el palco; siempre en la sombra: por si disuelves la tiniebla, se haga mi golondrina halcón. en Madrigales privados, de La tormenta y algo más El sueño del prisionero, en La tormenta y algo más El sueño del prisionero en Conclusiones provisionales, de La tormenta y algo más
Albas y noches, aquí, apenas se distinguen. El zigzag de estorninos sobre los torreones en los días de batalla, mis únicas alas, un soplo de aire polar, el ojo del guardia a través de la mirilla, crac de nueces quebradas, un aceitoso crepitar desde los sótanos, asadores verdaderos o supuestos – pero la paja es oro y la vinosa lámpara un hogar si a tus pies me creo postrado cuando duermo. La purga dura desde siempre, sin motivo. Dicen que quien abjura y firma puede salvarse de esta carnicería de gansos; que quien se retracta, pero traiciona y vende carne de otros, sostiene el cucharón en vez de terminar en el pâté para los dioses pestilentes. Lento de reflejos, llagado por el punzante lecho me he fundido con el volar de la polilla que mi suela tritura sobre el pavimento, con los quimonos cambiantes de las luces que al alba se derraman desde las torres, he olfateado el aroma a quemado de las rosquillas de los hornos y me he mirado en torno, he suscitado iris sobre horizontes de telarañas y pétalos en el entramado de las rejas, me he levantado, he vuelto a caer en el fondo donde el siglo es el minuto – y regresan los golpes y los pasos e ignoro si aún en el festín haré de embutidor o de embutido. La espera es larga y mi soñar contigo no se ha acabado. May 08 Satura [1.962-1.970]
Satura [1.962-1.970] en la edición de Poesía completa incluye cinco bloques
. Poemas El<tú> y Respuesta a bote pronto I (II y III en Satura II) . Xenia I y Xenia II . Satura I y Satura II - Ver las tres entradas siguientes- Poemas de Xenia I y II, en SaturaXenia I, en Satura [1.962-1.970] Habíamos ensayado para el más allá un silbido, una señal de reconocimiento. Intento modularlo con la esperanza de que ya estemos todos muertos sin saberlo. * Dicen que la mía es una poesía de no pertenencia. Si era tuya, sin embargo, era de alguien: de ti que no eres ya forma sino esencia. Dicen que en su grado extremo la poesía magnifica el Todo en fuga, niegan que la tortuga sea más rápida que el rayo. Sólo tú sabías que el movimiento no es distinto del reposo, que el vacío es lo lleno y el sereno la más difusa de las nubes. Así comprendo mejor tu largo viaje aprisionada entre vendas y yesos. Y sin embargo no me da sosiego saber que, juntos o no, tú y yo somos una sola cosa.
Xenia II, en Satura [1.962-1.970] Bajé millones de escaleras dándote el brazo entre tú y yo , las únicas pupilas verdaderas, si bien tan ofuscadas, eran las tuyas.
En el humo / La poesía, en Satura IEn el humo ¡Cuántas veces fui a esperarte a la estación en el frío, en la niebla! Daba vueltas tosiendo, comprando periódicos innombrables, fumando Guiba, suprimidos luego por el ministro de Tabaco, ¡ el muy necio! Tal vez un tren equivocado, uno extra o un servicio anulado…Me fijaba en los carros de los mozos por si acaso estaba tu equipaje, y tú detrás, llegando tarde. Al fin aparecerías, la última. Es un recuerdo entre muchos otros. En sueños me persigue. La poesía (I) La angustiosa cuestión de si la inspiración se pergeña en frío o en caliente no concierne a la ciencia térmica. El raptus no produce, el vacío no conduce, no hay poesía en sorbete o ala leña. Más parece cosa de palabras importunas que tienen prisa de salir del horno o del congelador. El hecho, en sí, no es importante. Recién salidas miran alrededor con aire de decirse: ¿qué estoy haciendo aquí? Llueve/ VEO/ Tropezar/ Las palabras, de Satura II
Tropezar Tropezar, atorarse es necesario para despertar la lengua de su sopor. Pero el balbuceo no basta y pese a ser menos ruidoso también está dañado. Así debemos resignarnos a un hablar a medias. Cierta vez alguien habló sin fallas y nadie le entendió. Creyó sin duda que era el último hablante. Ocurre en cambio que todos hablan todavía y el mundo desde entonces está mudo.
April 30 Diario del *71 y del *72: Diario del *71Diario del *71 y del *72 Diario del *71 Hacia el fondo la red que se arrastra en el fondo sólo atrapa peces diminutos. Con otras redes he cogido peces golondrina e incluso una tortuga, pero ya muerta. Ahora que pruebo con anzuelo y sedal la carnada queda intacta en el agua turbia. Demasiado espesor me rodea arriba, abajo, en el aire. Ya no se avanza: moverse es desgarrarse. Retrocediendo La carcoma ha nacido, creo, dentro de un baúl que he salvado de mudanzas e inundaciones. Su excavación es lenta, el microsonido no acaba. Es probable que desde hace meses se alimente del polvo fruto de su trabajo. Pareciera que ignora mi existencia, no la suya. Yo mismo, sin saberlo, voy perforando un tronco que no conozco y que alguien observa molesto por el ruido que produzco, alguien que taladra ignorando que otro lo taladra y así sucesivamente en un largo catalejo de piezas que encajan una en otra. Diario del *71 y del *72: Diario del *72Diario del *72 Las figuras Extasiado por su hipálage(1) el poeta exhaló un suspiro de alivio, pero había un agujero en el poema que se ensanchó, fue vorágine y lo arrojó al sótano donde se ponen las trampas para los tropos.(2) Nada quedó de él. Sólo alguna Figura, scruta obsoleta, dijo es mejor así. (1) Figura consistente en referir un complemento a una palabra distinta de aquella a la cual debería referirse lógicamente. El público llenaba las ruidosas gradas. RAE (2) Empleo de las palabras en. sentido distinto del que propiamente les corresponde, pero que tiene con este alguna conexión, correspondencia o semejanza. RAE _ Notas añadidas por mí, ajenas al texto_ Sin sobresaltos Las estaciones ya casi desaparecieron. Era todo un engaño de los Espíritus del Éter. No se puede estar vivos por momentos, por espasmos, a saltos de mata largos o breves. O se está vivos o se está muertos, el columpio no podría durar más allá de la eterna fugacísima edad de la puericia. Ahora empieza el ciclo del estancamiento. Las estaciones se despidieron sin zalamerías, ni ceremonias, cansadas de turnarse. Ya no seremos tristes o felices, pájaros de alba o nocturnos. No sabremos ni siquiera qué es saber y no saber, vivir o casi, o no vivir en absoluto. Para decirlo en dos palabras, el resto lo veremos cuando todo acabe.
Viejo en un columpio, de Francisco de Goya April 26 Cuaderno de cuatro años [.973-1.977] - Poemas I-Tal vez la poesía todavía se salve por algún raro fantasma errante, mudo e invisible, ignaro de sí mismo. Pero acaso el arte de la palabra dicha o escrita ¿es accesible a quien carece de voz y de palabra? A esto se reduce mi pobre idea del lenguaje, este dios demediado que no nos salva porque no sabe nada acerca de nosotros y por supuesto nada de sí mismo. Fragmento, final de Intermedio
Los pájaros parlantes La moral dispone de pocas palabras, hubo quien contó unas cuatrocientas y el récord permanece imbatido. Ni siquiera los pájaros de India que ahora están de moda y se parecen a los mirlos rapaz pico de fuego y plumas negriazules logran decir un mayor número. La diferencia está en las carcajadas: la del falso mirlo no es la nuestra, tiene un blanco, el hombre que se cree más libre que él: de mí que paso cada día y saludo ese ovillo de plumas y sonidos destinado a vivir menos que yo. Eso dicen, sin embargo…
El vacío También ha desaparecido el vacío donde una vez podíamos refugiarnos. Ahora sabemos que también el aire es una materia que pesa sobre nosotros. Una materia inmaterial, lo peor que podía tocarnos. No está bastante lleno porque es preciso retacarlo con hechos, con movimientos para poder decir que le pertenecemos y no podemos, ni siquiera muertos, huir de él. Atascar de objetos lo que es el solo Objeto por definición sin que a él nada le importe, oh infame comedia. ¡Y con qué celo la representamos! Cuaderno de cuatro años [.973-1.977] - y Poemas II-Redes de pájaros De pájaros cogidos con la red, casi notas sobre el pentagrama, he dibujado al carboncillo muchos y no he sacado nunca conclusiones subliminales. La red es algo intrínseco, no es submarina ni abismal, ni puede revelarnos nada sustancial. La llevamos encima como un guardapolvo. Es invisible y no puede remendarse porque no se descose. Nadie se plantea el problema de salir de ella. Que debamos quedarnos dentro fue decisión de otros.
LOS POETAS difuntos duermen tranquilos bajo sus epitafios y sólo tienen un temblor de enojo cuando un inútil escriba recuerda su nombre. Lo mismo pasa con las flores que echaron a la basura si por ventura alguien las recoge. Estaban viajando hacia su madre, ahora hacia nadie o hacia un manojo amarrado por una cuerda o un papel plateado y el cesto de los papeles cercano sin la dicha siquiera de un niño o un loco. |
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