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January 12

Hasta siempre

 

No fue un sueño,    lo vi:   La nieve ardía.                                                            

  Hasta siempre

Sábado, 12 de enero de 2008

 

escALA en Ángel González

 http://escalasbabianas.spaces.live.com/?_c11_blogpart_blogpart=blogview&_c=blogpart&partqs=cat%3d%25c3%2581ngel%2bGonz%25c3%25a1lez

June 20

In Limine y Epigrama - de Movimientos-. Huesos de sepia

 

In Limine

Goza, si el viento que entra en el pomar
trae de nuevo la oleada de la vida:
aquí donde se hunde una maraña
inerte de memorias,
huerto no había, sino un relicario.

El aletear que escuchas no es un vuelo,
sino el estremecerse del regazo eterno;
ve cómo se transforma en un crisol
este rincón de tierra solitario.

Cunde un tormento en este
lado del muro Si avanzas, acaso
encuentres al fantasma que te salve:

se urden aquí los actos, las historias
borrados para el juego del futuro.

Busca una malla rota en la red
que nos oprime, ¡sal fuera, huye!
Ve, por ti lo he rogado - ahora mi sed
será más leve, menos acre la herrumbre...

 

    Epigrama  - poema II  de Poemas  para Camillo  Sbarbaro, en Movimientos, primer poemario de Huesos de sepia-                        

Niño ingenioso, Sbarbaro,

dobla papeles de colores vivos

con que improvisa unos barquitos

que lanza al móvil barro

de un arroyo; ve cómo van a la deriva.

Tú, hombre de bien que pasas,

sé previsor por él y alcanza

con tu bastón para que no se pierda,

esa menuda flota; condúcela

hacia un pequeño puerto de guijarros.

 

June 04

Tres poemas de Huesos de sepia

 Tráeme el girasol para que lo trasplante/ Conozco la hora en que el rostro más impasible/ Rechina la polea del pozo

TRÁEME el girasol para que lo trasplante

en mi solar sediento, requemado,

y muestre todo el día al espejeante azul del cielo

la ansiedad de su rostro amarillento.

Tienden a la claridad las cosas oscuras,

se consumen los cuerpos en un fluir

de tintas: éstas en música. Desvanecerse,

pues, es la ventura de las venturas.

Tráeme tú la planta que conduce

en donde surgen rubias transparencias

y la vida se evapora cual esencia;

tráeme el girasol ávido de luz.

 

CONOZCO la hora en que el rostro más  impasible

redescompone en una mueca dure.

Afloró  un momento en la calle la pena invisible.

Nadie lo advierte entre la multitud.

 

Palabras mías, a qué mostrar la mordedura

honda, el viento que el corazón arrecia.

La razón más genuina es de quien guarda silencio.

El canto que solloza es canto de quietud.

 

RECHINA la polea del pozo,

sube el agua a la luz y con la luz se funde.

Tiembla un recuerdo en el colmado cubo,

en el puro círculo una imagen ríe.

Acerco el rostro a evanescentes labios:

se deforma el pasado, se hace viejo,

le pertenece a otro…

                                 Ah, cómo cruje

la rueda, te devuelve al fondo negro,

visión, y una distancia nos divide.





June 03

Mediterráneo - último poema-

DISIPA tú si quieres
esta débil existencia plañidera
como la esponja el trazo efímero
de una pizarra.
He de volver, lo sé, a tu círculo,
para cumplir mi travesía confusa.
Mi venida era el testimonio de una orden
que se me olvidó en el viaje,
estas palabras mías dan fe
de un suceso imposible, y lo ignoran.
Pero siempre que oí tu dulce
resaca en las riberas,
fui presa de un trastorno como quien,
perdida la memoria,
recuerda su país. Aleccionado
por el jadear apenas perceptible
de alguno de tus desolados
mediodías, no por tu abierta gloria,
me rindo a ti con humildad.
No soy
más que la pavesa de un tirso. Bien lo sé: arder,
éste y no otro es mi significado.
 
 
May 30

Cuesta, en Mediodías y sombras, de Huesos de sepia

en Mediodías y sombras

 

Cuesta – último poema de la parte I-

 

Llega de las caracolas un sonido

de la escarpada cuesta que desciende

a pique sobre el mar

que tiembla y se abre para recibirla.

Baja en la garganta airosa

con la sombra la palabra

que la tierra disuelve en los rompientes.

Pierde memoria el mundo y puede renacer.

Con las barcas del amanecer

la luz despliega su velamen

y halla en el pecho abrigo la esperanza.

Pero ahora está lejos la mañana,

huye la claridad y se concentra

en prominencias y espesuras,

y todo está más cerca y recogido,

como visto por el ojo de una aguja;

ahora el final es seguro

y si también el viento calla

puedes oír la lima que serrucha

asidua las cadenas que nos atan.

 

Cual musical deslave

se derrumba el sonido, se disipa.

Con esto se evaporan

las voces acogidas por las áridas

volutas de las abras en la roca;

el gemir de los sarmientos,

allá, entre las vides que los lazos

de las raíces apretujan.

La cuesta ya carece de caminos,

las manos se sujetan a las ramas

de los pinos enanos; después vacila,

mengua la claridad del día;

y una orden desciende

a emancipar de los confines

las cosas que no piden

más que durar, que persistir contentas

de su infinito lastre;

un pedregoso alud que desde el cielo

se abisma en las riberas...

 

En la noche recién tendida se oye

un aullar de cuernos, una catástrofe.

 

Fragmento de Riberas, en Huesos de sepia

Riberas – fragmento-

Oh entonces zarandeados

como el hueso de sepia por las olas,

desvanecerse poco a poco;

volverse

un árbol corrugado o una piedra

pulida por el mar; en los colores

fundirse del ocaso, ya no ser carne

para brotar venero ebrio de sol,

por el sol devorado...

                                      No eran otros,

riberas, los votos del antiguo niño

que asomado a una roída balaustrada

lentamente moría sonriendo.

   

May 26

Lindau y a Liuba, en Las Ocasiones I

Las ocasiones [1.928-1.939]

Las ocasiones I:

 Lindau

Briznas de hierba trae la golondrina,

no quiere que la vida pase.

Pero de noche, en las rebalsas,

el agua muerta gasta los guijarros.

Zozobra bajo el humo de las teas

alguna sombra en la desierta orilla.

En el círculo de la plaza una zarabanda

se agita entre el bramido de ruedas de barcos.

A Liuba que parte

No el grillo sino el gato del hogar

ahora te guía, esplendoroso lar

de tu familia disgregada.

La casa que tú llevas bien envuelta,

no sé si jaula o sombrerera,

resiste los aciagos tiempos como

el embate del mar arca liviana

y basta para tu rescate.

May 25

Fragmentos de Las Ocasiones II - Motetes- y III

 

Las ocasiones II Motetes:

-fragmentos-

EL LAGARTO, si salta

entre rastrojos

bajo el gran calor—

la vela si zozobra

y se abisma

al doblar el peñasco—

el cañón del mediodía

más débil que tu corazón

y el cronómetro

si pulsa sin ruido__

...............................................

¿y luego? En vano algún destello

os muda en algo rico

y muy extraño. Muy distinto era tu sello.

¿POR qué tardas? La ardilla sobre el pino

mueve la antorcha de su cola en la corteza.

La medialuna baja con su pico

en el sol que la diluye. Ya es de día.

Sacude un soplo el perezoso humo,

se defiende en el punto que te encierra.

Nada termina, o todo, si tú, rayo,

dejas la nube.

Las ocasiones III:

- fragmento-

Y el gesto permanece: mide

el vacío, explora su límite:

el gesto ignoto que se expresa a sí mismo

solamente: pasión

de siempre en una sangre y un cerebro

irrepetibles; y entra tal vez

en lo cerrado y en lo violenta

con su delgada punta de ganzúa.

 

May 23

La casa de los aduaneros, en Las ocasiones -IV-

 Las ocasiones IV:

La casa de los aduaneros

Tú no recuerdas la casa de los aduaneros

en la saliente a pico sobre los escollos:

desolada te aguarda desde aquella noche

que en ella entró el enjambre de tus pensamientos

y se detuvo inquieto.

El viento todavía golpea los viejos muros

y ya el sonido de tu risa no es gozoso:

la brújula se mueve enloquecida

y la respuesta de los dados no confunde.

Tú no recuerdas; otro tiempo trastorna

tu memoria; un hilo se devana.

Retengo todavía un extremo; más se aleja

la casa y sobre el techo la veleta

ennegrecida gira sin misericordia.

Retengo un extremo; pero tú estás sola

ni aquí respiras en la oscuridad.

¡Ah, el horizonte en fuga, donde se enciende

alguna vez la luz del petróleo!

¿El paso es éste? (En la roqueda abrupta

rompen las olas todavía...)

Tú no recuerdas la casa de esta

noche mía. Y yo no sé quién se queda.

 

El verano, en Las ocasiones -IV-

 

                                                             El verano

Cuando el cernícalo fugaz los roza,

su sombra en cruz no inquieta a los jóvenes arbustos.

Y la nube, ¿qué ve? Tiene el venero

a flor de tierra tantas caras.

Tal vez en el plateado destello de la trucha

que va a contracorriente tú también

regresas, Aretusa, a mis pies muchacha muerta.

El hombro reluciente, la rodante

pepita de sol, la mariposa loca,

el hilo tenso de la araña

sobre la espuma enardecida—

y algo que va y demasiadas cosas

que no podrán pasar el ojo de la aguja...

Se necesitan demasiadas vidas

para hacer una.

 

de Las ocasiones [1.928-1.939] 
May 19

La tormenta y algo más

La tormenta y algo más [1.940-1.954] de Eugenio Montale

Finisterre, Después, Intermedio, <Flashes> y dedicatorias, Silvae, Madrigales privados y Conclusiones provisionales.

 

-- En las entradas siguientes hay algunos poemas de La tormenta y algo más --

Sobre una carta no escrita y Los aretes, en La tormenta y algo más

de La tormenta y algo más

en Finisterre

 

 

Sobre una carta no escrita

 

Por un hormigueo de auroras,
por unos pocos hilos en que se enrede
el lazo de la vida y se ensortije en horas y años,
¿hoy los delfines con sus hijos
retozan en parejas? ¡Que no oiga
nada sobre ti, que escape el fulgor de tu mirada!
Muy otras cosas pasan en la tierra.

Irme no sé si asomarme de nuevo;
la fragua roja de la noche se demora,
la tarde se hace eterna,
la plegaria es suplicio y todavía
entre las rocas que aparecen no te llega
desde el mar la botella . Vacía, la ola
se rompe allá en la punta, en Finisterre. 

 

Los aretes

 

No guarda sombra de algún vuelo el tizne
del espejo. (Y del tuyo ya no hay huella.)
Pasó la esponja que las luces indefensas
del óvalo dorado expurga.
el fuerte imperio que te hechiza; huyo
de la diosa que no se encarna y mis deseos
sostengo hasta que los consume tu centella.
Zumban élitros afuera, zumba la loca purga
y sabe que dos vidas nada valen.
Dentro del marco vuelven las fláccidas
medusas de la noche. Tu impronta vendrá de abajo:
donde en tus lóbulos manos escuálidas,
convulsas, sujetan corales.

May 16

Desde una torre y fragmentos de Dos en el crepúsculo, en La tormenta y algo más

Desde una torre en Después

 Vi al mirlo aguador despegar
del pararrayos su orgulloso vuelo
y su trino aflautado
me lo hicieron conocido.
Vi al orejudo y festivo Piquillo
emerger de la tumba y, tropezándose,
desde un húmedo embudo de escaleras,
alcanzar el tejado.
Vi en los vidrios pintados
filtrarse un país de esqueletos  
desde flores de ajimeces _ y un labio
de sangre volverse más mudo.

Dos en el crepúsculo- fragmentos- en Intermedio

Y yo sitiado por la fuerza
que pesa alrededor, me rindo al sortilegio
de no reconocer de mí ya nada
fuera de lo que soy. Si alzo un brazo,
se vuelve ajeno el acto, se quiebra
sobre vidrio, su ignota y pálida memoria,
y el gesto deja de ser mío;
si hablo, escucho aquella voz atónito
bajar hasta su gama más remota
o apagarse en el aire que ya no la sostiene.

                                              …las palabras
entre nosotros caen ligeras. Te miro
en un tenue espejo. No sé si te conozco;
sé que de ti no estuve nunca lejos
como acontece en este tardío regreso.
Pocos segundos han quemado todo
de nosotros, salvo dos caras, dos máscaras
que una sonrisa graba con esfuerzo.

 

May 15

Desde el tren y En el parque, en La tormenta y algo más

Desde el tren, en y dedicatorias

Las tórtolas granate han vuelto a Sesto

Calende por vez primera desde tiempo

inmemorial. Eso dicen los periódicos.

Asomado a la ventanilla, las he buscado

en vano. Un collar tenías, de otro color,

es cierto, doblaba en un extremo un junco

y desgranábase. Tan sólo para mí

brilló, hundiose en un estanque. Y su vuelo

de fuego me cegó para el resto.

  En el parque en Silvae

 Bajo la sombra de la magnolia

que se hace más y más angosta,

a un soplo de cerbatana

la flecha me roza y se pierde.

Pensé en una hoja caída

del chopo que un golpete viento

destiñe – y tal vez era una mano

deslizándose en el verde.

Una risa que no es mía

se filtra entre pálidas frondas

hasta mi pecho, un trino

que punza las venas lo turba,

y me río contigo en la deforme

rueda de la sombra, me estiro

deshecho de mí sobre avaras

raíces que asoman y punzo

con briznas de hierba tu cara…

Desde el tren y En el parque, de La tormenta y algo más

 

May 14

Sé que un rayo de sol, en La tormenta y algo más

 SÉ QUE un rayo de sol ( ¿de Dios?)

aún puede encarnarse si a los pies de la estatua

de Lucrecia (una noche tuvo un gesto

y parpadeó) echas tu rostro contra el mío.

Aquí en el zaguán, como en los tréboles;

aquí en las escaleras como allá en el palco;

siempre en la sombra: por si disuelves

la tiniebla, se haga mi golondrina halcón.                                                                                                                                 

 

en Madrigales privados, de La tormenta y algo más

El sueño del prisionero, en La tormenta y algo más

  El sueño del prisionero en Conclusiones provisionales, de La tormenta y algo más

 Albas y noches, aquí, apenas se distinguen.

El zigzag de estorninos sobre los torreones

en los días de batalla, mis únicas alas,

un soplo de aire polar,

el ojo del guardia a través de la mirilla,

crac de nueces quebradas, un aceitoso

crepitar desde los sótanos, asadores

verdaderos o supuestos – pero la paja es oro

y la vinosa lámpara un hogar

si a tus pies me creo postrado cuando duermo.

La purga dura desde siempre, sin motivo.

Dicen que quien abjura y firma

puede salvarse de esta carnicería de gansos;

que quien se retracta, pero traiciona

y vende carne de otros,

sostiene el cucharón en vez de terminar

en el pâté para los dioses pestilentes.

Lento de reflejos, llagado

por el punzante lecho me he fundido

con el volar de la polilla que mi suela

tritura sobre el pavimento,

con los quimonos cambiantes de las luces

que al alba se derraman desde las torres,

he olfateado el aroma a quemado

de las rosquillas de los hornos

y me he mirado en torno, he suscitado iris

sobre horizontes de telarañas

y pétalos en el entramado de las rejas,

me he levantado, he vuelto a caer

en el fondo donde el siglo es el minuto –

y regresan los golpes y los pasos

e ignoro si aún en el festín

haré de embutidor o de embutido.

La espera es larga y mi soñar contigo

no se ha acabado.

May 08

Satura [1.962-1.970]

Eugenio Montale llamaba “mosca” a su mujer, Drusilla Tanzi que murió en 1.963, momento en que su poesía se abre – o se cierra- más en rebelde desamparo. A ella dedica Satura.

 

Satura [1.962-1.970] en la edición de Poesía completa incluye cinco bloques

 

. Poemas El<tú> y Respuesta a bote pronto I (II y III en Satura II)

. Xenia I y Xenia II

. Satura I y Satura II

 

 - Ver las tres entradas siguientes-